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miércoles, 14 de marzo de 2018

LAS INVISIBLES-LOS INVISIBLES




Señora Presidenta de la Cámara, Señor Presidente del Gobierno, Señorías…
En primer lugar les ruego que me disculpen si este inicio no se ajusta al protocolo de la Cámara de los Diputados y las Diputadas, pero es que aquí en Tierra de Nadie, los invisibles y las invisibles a medida que pasa el tiempo perdemos entidad y memoria, recordamos vagamente lo que significa formar parte del conjunto social y olvidamos en ocasiones los usos y costumbres.

En segundo lugar quisiera asegurarles que comprenderé si estas palabras no les llegan o si en caso de que les lleguen no les producen ni una leve reacción.

Como Invisible estoy acostumbrada a no causar reacción, a pasar desapercibida. Creo que si me hubiese convertido en espíritu errante (denme tiempo que lo lograré) me percibirían mejor. Estoy segura.

En fin, que como no quiero ocupar su valioso tiempo, dedicado ayer a ponerse a caldo unos a otros, pronunciar replicas, contra-réplicas e intervenciones salpimentadas con elegantes frases y sonoras palabras, que forman párrafos guardados en los diarios de sesiones de la Cámara para consulta y constancia de generaciones futuras… voy a entrar en el tema que me ocupa. Que me ocupa a mí, como miembro accidental del colectivo Invisible.

Puedo asegurar que nunca pensé que la vida, la crisis, las circunstancias, los desatinos políticos, la dinámica salvaje del capitalismo, el neoliberalismo y demás…como decía, jamás pensé que acabaría aquí, en esta tierra árida y fría, viendo pasar las horas, los días, las noches… y finalmente los años.
Desde que en 2012 me quedé en el andén de la estación social tras perder el tren laboral, han pasado ya 6 años.

Les puedo asegurar que contrariamente a lo que cuentan ustedes, todos y todas (sin que su pertenencia a un grupo político me invite a sentir a estas alturas de mi película vital ni un ápice de respeto, sino más bien hastío e indiferencia) no soy una “parada”.

Soy a mi pesar “desempleada”. Y no me considero “parada” porque les aseguro que no crece la hierba en mi camino y me muevo más que una peonza, de un lugar a otro, de un enlace a otro, tratando de encontrar un billete que me permita subir de nuevo al tren laboral.

Ayer, celebraron un debate dedicado a las pensiones, (subirlas o no subirlas he aquí el dilema, sus señorías llevan así más de 6 años), que les aseguro que visto desde casa, les ha quedado precioso.

La ejecución de la coreografía ha resultado impecable: apertura, replicas, contra-réplicas, “que si tú, que si yo, que si el otro”, el líder de cada grupo ha intervenido y los de su “bancada le han aplaudido fervorosos pero comedidos.

Y ya está. Nada nuevo bajo el sol. Nada que permita ver luz al final del túnel.

Imagino que el día menos pensado organizarán ustedes un debate sobre el futuro de nuestros y nuestras jóvenes, que un día serán pensionistas, que han salido del país y han comprobado que no cuentan mucho a pesar de la presencia de “jóvenes” en la Cámara de los Diputados.

Es comprensible que les preocupen los pensionistas y los jóvenes. A mí también me preocupa su situación porque es un espejo en el que se mira nuestra sociedad de pasada.

Cuando su agenda se aligere les rogaría que reserven algún minuto de su tiempo para debatir sobre nosotros y nosotras, los invisibles, las invisibles.
Si me lo permiten me presentaré, que tienen ustedes razón, es lo que debería haber hecho hace varias líneas.

Nací en 1965 y desde el principio me mostré obediente, seguí las reglas sociales y familiares, estudié y confié en quienes me decían “que estudiase para tener un buen futuro”. También me dijeron que “formaría una familia y tendría hijos”.

Pero no sé por qué no he cumplido ni una sola de las reglas que me dijeron que me convertían en una ciudadana ejemplar. Así que aquí estoy, en Tierra de Nadie, perdiéndome entre las brumas de la crueldad de un sistema que todos sin excepción descubrieron en 2017 que era imperfecto y se cae a pedazos, tras unos 40 años de “imperfecta transición política”.

Mi perfil es bajo, tan bajo que por eso acabé en Tierra de Nadie.

No soy joven (cumplo 53 años en el mes de agosto) ni universitaria (no llegué a la Universidad porque económicamente no me lo pude permitir).
Soy mujer (lo que a determinada edad no ayuda en temas laborales) y discapacitada (no minus-valida o in-valida porque soy muy valida).

No tengo pareja, ni hijos, ni cargas familiares (yo también pensé que formaría mi propia familia, pero ya ven ustedes no se pudo).
Aunque las cifras indiquen a sus señorías que “nuestra economía crece según las previsiones y se crea empleo” les diré que su percepción se aleja de la realidad.

Formé parte del circuito laboral por última vez en septiembre de 2012 y aunque estaba convencida de encontrar un hueco rápidamente, subestimé el alcance de la crisis económica.

Debido a cuestiones peregrinas derivadas de cotización y demás el primer subsidio que percibí en 2 tramos de 6 meses, hizo ruborizarse a los propios empleados del INEM-SOC.

Mi situación se agravó en julio de 2014 tras un grave problema en los primeros minutos de una intervención quirúrgica, que provoca una parada cardio-respiratoria, que me llevó a permanecer varios días con sus noches en la U.C.I. 

La lista de secuelas es amplia y variada, y ha empeorado mis expectativas vitales.

Dicho esto trataré de abreviar (es conocida por mis allegados que mi capacidad de sintetizar el discurso es nula).

-Estoy a la espera de revisar el porcentaje de discapacidad que tras la cirugía ha empeorado

-Estoy a la espera de encontrar un trabajo (aunque comprendo que para los empresarios no soy precisamente un chollo)

-Estoy a la espera de que las cosas un día mejoren…

AYUDAS…

Mientras espero que lleguen días mejores me siento como un madero a la deriva. Actualmente las leyes, normas o como las llamen no contemplan ayudas para los invisibles.

Cuando como yo vives en casa de tu padre (propiedad), jubilado cuya pensión no puede dar más de sí, consideran las autoridades competentes que no puedo acceder a ayudas (PIRMI, RENTA DE INSERCIÓN CIUDADANA…) porque ambos formamos una “unidad familiar” (lo que también se aplica a otros casos, no solo al mío).

Tampoco puedo solicitar determinadas ayudas (plan PREPARA…etc.) porque no tengo hijos o cargas familiares.

-no podré solicitar una ayuda para mayores de…hasta que cumpla 55 años.

-no puedo solicitar un nuevo tramo de subsidio hasta que no trabaje-cotice 6 meses (algo que por ahora resulta altamente improbable)

-no cobraré pensión de jubilación o pensión mínima porque me faltan 5 años de cotización.

-no tengo plan de jubilación porque lo que había ahorrado lo retiré del banco.

-no soy candidata a ayudas “alimenticias” porque necesito un informe de trabajo social. Un informe elaborado en agosto 2017 que me descarta como candidata por formar parte de “una unidad familiar”.

CONCLUSIÓN

Para terminar Señorías, lo que solicito es simple, sencillo. Trabajo.

Un trabajo que me permita obtener ingresos y pagar mis deudas (logro sobrevivir gracias a la generosidad de “mi familia urbana”).

Un trabajo que me permita completar los 5 años que requiere la ley para tramitar una pensión mínima.

Un trabajo que me permita vivir.

Un trabajo para mí y para otros y otras invisibles que nos permita abandonar la Tierra de Nadie y recuperar el paso.

Dejen los discursos grandilocuentes, abandonen la teoría. Si no pueden mejorar el silencio callen, si no puede cumplir sus promesas sean honestos y díganlo. Lo que no puede ser es que mantengamos 5 tipos de administración pública y no obtengamos respuestas.

Lo que no puede ser es encontrar en cada despacho una dosis excesiva de incomprensión y falta de empatía.


Señora Presidenta de la Cámara, Señor Presidente del Gobierno, Señorías… Gracias por su atención.


Blanca Rosa Fernández Moreno

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